jeudi, mars 13, 2008

Mudanza

Me mudé

para quienes esten interesados en visitar mi sitio de escritos

deben dirigirse a

www.anarchisto.wordpress.com

abrazos

mardi, juillet 03, 2007

Sobre Candados y Secretos

Eran las nueve de la noche, y habíamos pasado un día entero juntos.
No existía ningún tipo de compromiso, solo nos unía esa sensación de sentirse bien a lado del otro, de reír de a dos, de jugar y saltar.
Admito no haber sabido tu nombre completo, ni dónde vivías, pero me daba igual… creo que para conocer a una persona, todos esos aspectos superficiales dan lo mismo, cuando se es capaz de descubrir aquellos dibujos interiores que te describen a la persona, y bueno, al parecer eso paso contigo.
Ya nos habían cansado las hojas secas del parque y solo por eso volvíamos casa.
Subimos al metro, mientras el viento del tren golpeaba nuestras caras y nos mirábamos con los ojos entreabiertos y reímos porque sí.
Tu compraste los pasajes… me dijiste cómo pasarnos por debajo del torniquete.
Nos pasamos, corrimos, el metro estaba por partir, cruzamos las puertas cuando de estaban cerrando, tropezamos y volvimos a reír porque sí. La gente nos miraba y nos daba lo mismo.
Nos sentamos en el piso, tú me enseñaste unos dibujos y yo, como nunca antes, no fui cínico al decir que eran lindos.
Ya no quedaba gente en el vagón, estábamos casi solos, a no ser de la señora que iba con miles de bolsas de compra. Se bajó en Neptuno y quedamos solos.
Y fue el momento, no precisamente del típico alineado beso que se dan los jóvenes luego de una cita… fue el momento en que me hablaste, en que el sonido ensordecedor del metro enmudecía tus palabras, solo veía tus labios moverse y tus ojos de sinceridad, no me quedó otra…
Tuve que transformar tus palabras en secreto, y yo, yo, seguir amando el misterio de tu corazón.

Anarchisto.-

jeudi, juin 21, 2007

Más Alla del Jardin

Emilio era un niño observador, mantenía una fiel admiración por los documentales de animales, frente a los cuales se sentaba a observar cada detalle de la filmación, asombrándose por la diversidad de formas y costumbres de los animales.
Sus padres, de clase media baja, trabajaban todo el día; su padre era obrero de construcción y su madre trabajaba en una fabrica de blue jeans, por lo que se vieron en la obligación de enviarlo a cursar medio mayor a la tierna edad de tres años.
Así se mantuvo Emilio, desde las ocho y media de la mañana hasta las seis de la tarde, durante tres años.
Debido esto, vivió en una burbuja, en un jardín donde la mayor emoción era el resfalín o alguna película, pero que con el tiempo se transformaba en simple rutina infantil.
Su imaginación la echaba volar mientras miraba estupefacto los autos pasar a las afueras del jardín, sabia que había algo allá afuera que no conocía bien.
Un día no fue al jardín, era feriado o no se qué, y entonces su abuela, que fue a cuidarlo, le dijo que irían al centro a hacer unos tramites de adultos. Emilio, sin más opción, partió junto a ella.
Aquel día caminaron cuadras y cuadras, anduvieron en metro y autobuses, recorrieron los paseos comerciales e hicieron filas.
Al llegar a casa, ya por la tarde, Emilio, exhausto, se sentó en el sillón y le comentó a su abuela:
- Abuela ¿Porqué todas las personas son iguales?


Anarchisto.

mercredi, avril 04, 2007

Migas de Pan

I.-

Estaba próximo a cumplir sus 77 años, jubilado y sin trabajar, de lentes grandes, y que pasaba todos los días en el asilo de su hogar, sin hacer mucho, esperando a que llegara su esposa de tantos años y contarle pequeñas mentiras sobre lo que había hecho en el día.
Él, como buen señor y para hacer algo, se dedicaba a darle migas de pan a los pájaros que se paraban en su jardín, de pasto y enredaderas.
Cada día, luego del desayuno y la once, juntaba todas las migas que quedaban sobre la extensa mesa. Entonces, salía al jardín con su plato lleno de miguitas y comenzaba a silbar, y de un momento a otro, las aves comenzaban a danzar sobre él.
Dejaba la migas y entraba a casa, donde, desde un ventana, sentado, observaba como disfrutaban del festín las tórtolas, los zorzales y Pepito, su ave preferida y que le faltaba una pata.
Una tarde nublada y otoñal, el señor salió, entre hojas secas y viento frío, con su platito.
Comenzó a silbar, mirando fijamente el cielo y se extraño de la ausencia de las aves sobre él, no obstante, siguió intentando.
Sin darse cuenta, de a poco la aves se comenzaban a acercar, pero caminando sobre el pasto verde del jardín. El señor, entre su sordera y algo de ceguera, no se percató que los pájaros lo estaban rodeando.
En eso, Pepito, aquel ave de una sola pierna, picotea su chaleco gris y se aferra a él, sin soltarse por ningún motivo, luego, las dos tórtolas, que según el señor eran novios, le toman los hombros firmemente. Cuando se dio cuenta, se asustó e ,irremediablemente, comenzó a levantar los brazos y a girar, para poder zafarse de los pájaros, sin embargo, cuatro zorzales vuelan hacia él y agarran sus brazos, quedando el señor inmovilizado.
Entonces, sus pies se empezaron a desprender del suelo…
Sus lentes cayeron, pestañeo, y al abrir los ojos, ya estaba entre las nubes.


II.-

Aquella misma tarde, cuando su señora llegó a casa, vio que el plato estaba tirado en el pasto del jardín y extrañada, y algo bruscamente abrió la puerta de la casa, suscitando encontrar a su amado señor.
Al notar que él no se encontraba, se negó a aceptarlo y se recostó en el sillón.
Acurrucada lloraba, mientras abrazaba una vieja foto de la noche de bodas. El silencio era delatado por el constante sonar de los grillos y ella, sin darse cuenta, ya se quedaba dormida.

III.-

Así, pasaron tres semanas y un día, y la amable señora ya se comenzaba a rehabilitar, entre la confusión del momento y la soledad en la que se sumergía cada vez que tomaba te con galletas de miel y avena.
Esa noche, de llovizna y frío otoñal, un fuerte ruido estremeció el techo de la casa y ella, muy asustada, toma el palo de la escoba y sale a mirar qué causó semejante alboroto.
Al salir al jardín, observa el ovalado pino y ve que a los pies del árbol se encontraba su amado señor.
- Viejito, amor ¿qué le pasó? —gritó extasiada la señora mientras lo abrazaba efusivamente.
- No sé vieja, parece que me llevaron los pájaros — dijo el extrañado señor.
Se miraron fijamente y ella comenzó a limpiarle su harapienta ropa… cada uno daba vueltas en su cabeza, consternados entre la duda del señor y su paseo con los pájaros, y la explicación que reclamaba la señora de por qué su viejito había caído del cielo…al notar que en el hombro del anciano señor había un pluma gris, la señora se decidió a preguntarle.
- Y ¿dónde se supone que te llevaron los pájaros?
- A un nido grande, en la cordillera parece.
Silencio nuevamente. Once grillos musicalizan su alrededor.
- Es que me querían dar las gracias. — agregó sonriendo y adolorido.


Anarchisto.

jeudi, janvier 18, 2007

Odisea en el Paraiso

Esa mañana lo pensé y lo dije: “Hoy comeré betarragas”. Mi guatita hizo “ñam ñam” y me vestí.
Caminé por las aceras de mi pequeño barrio, destino a la verdulería de la Señora Berta, madre de mi mejor amigo Benjamín.
Cuando llegué a la verdulería, percaté que estaba cerrada y no le di mucha importancia, pues recordé que el Benja me había contado sobre unos trámites que tenía que hacer su madre.
Tuve que seguir mi rumbo en busca de las betarragas, y de esta forma llegue a una calle llamada “Caicaén” y una risa estalló en mi. En eso, en pleno momento de risa, un señor golpea mi canilla y me volteo, algo nervioso, a saber que había sucedido… un señor de apariencia extraña y harapienta, me dijo con rostro enojado y voz gastada “Cabro de mierda, bautizado de porquería!”, yo observé, atónito, sin comprender nada de lo sucedido, ni tampoco con ganas de comprenderlo. “Te andai’ riendo de mi tierra”, dijo enfurecido, y ahí comprendí algo, pues había resultado predecible mi actitud irreverente frente al nombre de la calle, lo cual había enfadado al señor. “Disculpe si lo ofendí caballero, mi intención no era esa”, le dije tranquilo, “Si weon, ándate será mejor! Este es mi sector”.
Tras eso escape de la situación, y me di cuenta cómo estaba lleno de gente observando lo sucedido; niños, señoras regando a las doce del día, jóvenes con perros, de todo, y todos con su mirada clavada en mi… en mi rostro sonrojado.
Al encontrar una verdulería, entre a comprar mis betarragas y compre seis.
Cuando estaba en la caja pagando, la señora notó lo extraño que estaba yo y me dijo “que te pasa cabrito, te ve’i nervioso”, “Sí” le dije yo “es que un señor casi me pega recién”, la señora se rió y comento “que te apuesto que es ese que esta al comienzo de la calle, Don Caica le dicen, y esta medio tocado, a ese señor Dios lo abandonó”… la miré a los ojos y ella no me miró, cancelé el dinero y me largué.
Me fui pensando en el señor, el Don Caica, el pobre huerfanito de Dios, que al parecer no tenia más compañía que “su sector”, ese lugar donde había creado su paraíso imaginario, solo para él, solo de él, donde Dios era ateo, y mis betarragas eran simples mortales bautizadas.
Aquel almuerzo fue sensacional, comí betarragas, y fui feliz, al igual que Don Caica, cree mi paraíso esporádico con dulce betarraga.

Anarchisto.

mardi, octobre 10, 2006

Del Señor Gris.-

El señor gris me paso a llevar, iba acelerado, estresado, perdido, pensé que era por que se dirigía hacia ningún lugar, pero tenia que llegar puntual, al igual que todos los señores grises que transitan a mis alrededores.
Lo quedé observando y noté que su mirada era algo perdida y que caminaba como robot… robot desprogramado eso si.
De un momento a otro lo pierdo de vista, pues dobla en la esquina y desaparece. Dirijo mi mirada al cielo, entre edificios y antenas, y veo que las nubes me regalan una gota de agua en mi rostro. Se larga a llover.
A pesar de eso, me siento en medio de la acera, con mi mochila y mi espada amarilla de plástico, y me puse a pensar en el señor que gris, en su mirada perdida y en su aturdido caminar. Mientras tanto, la lluvia caía y yo la observaba, el tiempo pasaba y los segundos duraban más de lo establecido.
Al rato, luego de diversas reflexiones dibujadas entorno al señor, la lluvia ceso, y la gente empezó a caminar mi lado, sin verme o viéndome con ojos recriminatorios. Me daba igual. Yo estaba ahí, pensando en el señor gris, que expelía un sentimiento algo confuso, pero que expresaba monotonía y cansancio.
En eso, veo que en la esquina por la que había doblado el señor gris, se asoma su figura, pero esta vez a ritmo lento, con su miraba cansada y perdida, y parece que estaba más oscuro. Esta vez si que era un robot sin ninguna programación.
Yo lo miré, viendo si encontraba alguna pista que me arrojara alguna respuesta que me dijera el por qué de su ritmo y su mirada… aquel señor tenía algo que lo diferencia del resto uniforme de señores grises.
Veo que se acerca hacia mí, con su paso lento y apagado, me trata de mirar a los ojos y pregunta:
- ¿Has visto una cosa roja que tira colores?
No comprendo bien su interrogante, sin embargo igual pienso en si había visto aquel objeto del cual me hablaba, peno nada, no encontré nada.
- No señor, no he visto nada similar –le respondo.
- Ah, ya, gracias –me dice, y agrega- lo que pasa es que me acordé que tenia corazón.


Anarchisto.-

mercredi, août 30, 2006

Juguete... una vez más.-


Pasaba tardes y tardes comiendo naranja con azúcar sentado en la escalera de casa, mientras a lo lejos, en living de casa, se divisaba la televisión con la Aventuras de Popeye El Marino.
Pasaban las horas y el sol comenzaba a caer, y estaba allí sentado aun, observando como pasaban y pasaban las series de los dibujos animados.
Una tarde, trajeron algo inútil, algo que al parecer ya no servia, que no iba con las cosas que hacia… un juguete, una moto, para ser exacto.
Y así, la pequeña moto yacía apoyada en la pared, tapada en polvo, mientras de nuevo estaba allí, sentado en la escalera comiendo naranja con azúcar. Era claro, un juguete no tenia porque cambiar el sentido de disfrutar una tarde.
Pero de nuevo, las cosas no son como se creen… aquella tarde mágica, no había naranjas, no había luz y en casa solo se encontraba la abuela… el silencio otorgaba enormes trozos de miedo y aburrimiento, algo inconcebible para alguien que se llevaba domesticado por los decibeles televisivos…
Caminaba y caminaba, y los pasillo de casa se hacían eternos, las escaleras eran una gran colina, donde solo se era un niño en triciclo tirándose cuesta abajo…
En la habitación, se logró descubrir otra cosas, otros colores, otras propuestas de diversión, pero era complicado, era todo distinto… observaba y observaba, hasta divisar entre el polvo y los autitos, un ramaje amarillo asomándose el compás de una exclamación que reclamaba que por favor, lo jugaran alguna vez… era la moto.
Y entre el humo del polvo, salio la moto, reluciendo belleza y felicidad del sueño material de un juguete, de poder ser juguete, de que lo jueguen alguna vez…
Y aquella tarde no fue solo amarilla como la moto, sino que fue de miles de colores, de dibujos, de autopistas, de persecuciones, de aventuras de una moto que iba montada por los dedos que palpaban la imaginación recién descubierta. La abuela, sentada en su mecedora, solo observaba como reía solo, de rodillas en el pasto del patio de la casa.
Aquel momento transformó el patio en el comienzo del arco iris, pues lo colores imaginarios que florecían en el aire, despegaban hacia el cielo, resonando en ecos de inocencia y libertad.
Y el sol cayo, estaba todo escuro ya, y estaba exhausto, cansado de correr por enormes pistas de carreras, por junglas de expedición o en alguna misión en las montañas…
Al otro día, esperaban unas enormes naranjas que les pusieran azúcar y el televisor seducía con los ThunderCats… todo impreciso, por la ventana se asomaba la motocicleta, para recordar que aun existía…
Y de un momento a otro, ya estaba comiendo naranjas con azúcar en la escalera y a lo lejos la televisión intentaba hipnotizar de nuevo.
La motocicleta quedo allí, en un rincón del patio, tapada entre tierra y hojas secas, recordando el momento en que fue juguete, el momento en que tuvo alma, el momento en que expelía colores que pululaban como un arco iris gigante alrededor del patio.
Nada, el juguete quedo allí, plagado de recuerdos y con la firme convicción que algún día, quizás, iba a poder volver ser juguete, mientras al otro lado, estaba pegado a la televisión, con imágenes invisibles y sonidos mudos, y no hallaba la forma de encontrar la imaginación allí.


Anarchisto.-

Historia de un Volantin y un Globito.-

El volantín danzaba feliz en el cielo, sobrepasando a las nubes y a las estrellas, como si bailara en busca del infinito.
Aquel volantín era naranjo con líneas azules, parecía un atardecer en el horizonte, pero con la diferencia de que éste volaba. Tenia una cola de tres colores que se movía de un lado a otro, como intentando esquivar a cada insecto que se le cruzaba en su camino de aire.
Y el volantín danzaba y danzaba, sin importarle los árboles ni los cables, no, esas eran cosas de tierra y él era de aire.
Los días pasaban y la primavera se hacia eterna, pues al parecer estaba feliz de tener un volantín tan lindo y feliz en su calido viento primaveral, lleno de aromas y flores. Y ahí se veían, el ocaso bailando con el viento.
Pero un día, en un descuido, al viento se le escapó una ráfaga… una ráfaga que soñaba con ser libre y caminar por el aire hacia donde ella quisiera, y recorrer el desierto, y el bosque, y el mar, y la selva, y las casas y parques, y todo el mundo, quizás hasta el espacio sideral, plagado de estrellas y planetas.
Y al escaparse, sin querer, se lleva el volantín consigo, y el volantín, sin nada que hacer, dejo que esta ráfaga libre se lo llevara.
Así, recorrieron mares y árboles, arenas y juegos, hasta el momento en que la ráfaga quizo aventurarse por el espacio sideral, pues quería hacerse amigo de una estrella. Sin embargo, cuando la ráfaga subió, lo hizo demasiado bruscamente, y el volantín se desprendió de ella y quedo pululando solo en el aire, sin bailar, sin sus nubes amigas ni sus aromas florales que le brindaba su antiguo viento… allí quedo, sin nada que hacer.
En eso, vio que justo debajo de ella venia un puntito magenta algo despistado, que al parecer estaba solo y perdido, igual que él.
Cuando este puntito se acercó más, capto que era un globito color magenta que se desprendió de la manito de algún niño y se desprendió hacia el cielo.
El volantín lo saludó y el globito no hizo nada, se notaba que era bastante vergonzoso. Entonces, el volantín se preguntó si se encontraba bien, y el globito hizo el gesto de que estaba mal, y luego replicó que estaba perdido, asustado y triste…
y el volantín preguntó:
- ¿Cómo te has perdido?
- No sé, yo estaba en la mano de un niñito que había conocido recién, pero una ráfaga loca me hizo desprenderme de él y salí volando…- dijo el globito con voz cortada.
- Pero no tienes por que estar asustado –dijo el volantín sonriendo, y agregó- en el cielo no te va a pasar nada.
- Si lo sé, pero es que igual me da susto estar solito, pues creí que siempre iba a estar en algún manito.
- ¿Y eso te hace triste, globito? –pregunto el curioso volantín.
- No solo eso, lo que pasa es yo siempre soñé con ser globo por siempre, con que un niño me jugara, quizás hasta me reventara, pero apenas conocí a uno, esa ráfaga loca me desprendió de mi sueño –aclaro el globito tras una lagrima, y luego dijo- y tu, volantín naranjo ¿qué haces aquí?
- No lo sé, yo solo era un volantín que danzaba junto al viento, y era feliz, y amigo de las nubes y de la primavera, pero un día, de mi querido viento, un ráfaga se escapó y me llevo, creo que sin querer… y llegue aquí, solito.
Y quedaron mudos durante un largo rato, mirando cómo dos aves volaban y jugaban, mientras cantaba una suave y dulce melodía…detrás de ellos, se avecinaba el amanecer, entre rayos de sol que se asomaban en la cordillera y nubes naranjas que predecían lo hermoso que iba a ser el día.
Y entre el silencio, el globito dice:
- Parece que la primavera se esta por ir.
- Sí… recuerdo que conmigo se hacia eterna –aseguró el volantín naranjo- y no quiero perder lo poco que queda de ella.
Y de un momento a otro, el globito se amarro al volantín y salieron a jugar y a danzar entre los aromas y las nubes, entre las aves y sus melodías… felices iban, como si en su interior gritaban: “Este es nuestro propio viento!!”.
Y pasaron todo el día, girando por el aire, ignorando al tiempo, realizando sus sueños.
Se desprendieron de su muda soledad y les dio igual nadar perdidos por el cielo.
Eran como rayos volando por el aire, como burbujas flotando por el cielo, como hojas que se dejaban llevar por sus emociones de viento.
- Por fin soy globo! –gritó el globito feliz
- Y yo por fin soy volantín de nuevo –recitó el volantín.
- Sin ti, no soy esto –agrego el globito.
- Si tu eres feliz, yo soy feliz –dijo el volantín, trazando la felicidad en el cielo.

Y se tiraron por un arco iris, como si fuera un resfalin, y de nuevo, la primavera se hizo eterna.


(a)narchisto.-