El volantín danzaba feliz en el cielo, sobrepasando a las nubes y a las estrellas, como si bailara en busca del infinito.
Aquel volantín era naranjo con líneas azules, parecía un atardecer en el horizonte, pero con la diferencia de que éste volaba. Tenia una cola de tres colores que se movía de un lado a otro, como intentando esquivar a cada insecto que se le cruzaba en su camino de aire.
Y el volantín danzaba y danzaba, sin importarle los árboles ni los cables, no, esas eran cosas de tierra y él era de aire.
Los días pasaban y la primavera se hacia eterna, pues al parecer estaba feliz de tener un volantín tan lindo y feliz en su calido viento primaveral, lleno de aromas y flores. Y ahí se veían, el ocaso bailando con el viento.
Pero un día, en un descuido, al viento se le escapó una ráfaga… una ráfaga que soñaba con ser libre y caminar por el aire hacia donde ella quisiera, y recorrer el desierto, y el bosque, y el mar, y la selva, y las casas y parques, y todo el mundo, quizás hasta el espacio sideral, plagado de estrellas y planetas.
Y al escaparse, sin querer, se lleva el volantín consigo, y el volantín, sin nada que hacer, dejo que esta ráfaga libre se lo llevara.
Así, recorrieron mares y árboles, arenas y juegos, hasta el momento en que la ráfaga quizo aventurarse por el espacio sideral, pues quería hacerse amigo de una estrella. Sin embargo, cuando la ráfaga subió, lo hizo demasiado bruscamente, y el volantín se desprendió de ella y quedo pululando solo en el aire, sin bailar, sin sus nubes amigas ni sus aromas florales que le brindaba su antiguo viento… allí quedo, sin nada que hacer.
En eso, vio que justo debajo de ella venia un puntito magenta algo despistado, que al parecer estaba solo y perdido, igual que él.
Cuando este puntito se acercó más, capto que era un globito color magenta que se desprendió de la manito de algún niño y se desprendió hacia el cielo.
El volantín lo saludó y el globito no hizo nada, se notaba que era bastante vergonzoso. Entonces, el volantín se preguntó si se encontraba bien, y el globito hizo el gesto de que estaba mal, y luego replicó que estaba perdido, asustado y triste…
y el volantín preguntó:
- ¿Cómo te has perdido?
- No sé, yo estaba en la mano de un niñito que había conocido recién, pero una ráfaga loca me hizo desprenderme de él y salí volando…- dijo el globito con voz cortada.
- Pero no tienes por que estar asustado –dijo el volantín sonriendo, y agregó- en el cielo no te va a pasar nada.
- Si lo sé, pero es que igual me da susto estar solito, pues creí que siempre iba a estar en algún manito.
- ¿Y eso te hace triste, globito? –pregunto el curioso volantín.
- No solo eso, lo que pasa es yo siempre soñé con ser globo por siempre, con que un niño me jugara, quizás hasta me reventara, pero apenas conocí a uno, esa ráfaga loca me desprendió de mi sueño –aclaro el globito tras una lagrima, y luego dijo- y tu, volantín naranjo ¿qué haces aquí?
- No lo sé, yo solo era un volantín que danzaba junto al viento, y era feliz, y amigo de las nubes y de la primavera, pero un día, de mi querido viento, un ráfaga se escapó y me llevo, creo que sin querer… y llegue aquí, solito.
Y quedaron mudos durante un largo rato, mirando cómo dos aves volaban y jugaban, mientras cantaba una suave y dulce melodía…detrás de ellos, se avecinaba el amanecer, entre rayos de sol que se asomaban en la cordillera y nubes naranjas que predecían lo hermoso que iba a ser el día.
Y entre el silencio, el globito dice:
- Parece que la primavera se esta por ir.
- Sí… recuerdo que conmigo se hacia eterna –aseguró el volantín naranjo- y no quiero perder lo poco que queda de ella.
Y de un momento a otro, el globito se amarro al volantín y salieron a jugar y a danzar entre los aromas y las nubes, entre las aves y sus melodías… felices iban, como si en su interior gritaban: “Este es nuestro propio viento!!”.
Y pasaron todo el día, girando por el aire, ignorando al tiempo, realizando sus sueños.
Se desprendieron de su muda soledad y les dio igual nadar perdidos por el cielo.
Eran como rayos volando por el aire, como burbujas flotando por el cielo, como hojas que se dejaban llevar por sus emociones de viento.
- Por fin soy globo! –gritó el globito feliz

- Y yo por fin soy volantín de nuevo –recitó el volantín.
- Sin ti, no soy esto –agrego el globito.
- Si tu eres feliz, yo soy feliz –dijo el volantín, trazando la felicidad en el cielo.
Y se tiraron por un arco iris, como si fuera un resfalin, y de nuevo, la primavera se hizo eterna.
(a)narchisto.-